Tierra de gracia | | Analitica.com


Bajo este nombre pudo llamarse Venezuela desde el dos de agosto de 1498; pues así la llamó el almirante de la mar océano don Cristóbal Colón al desembarcar en Macuro. Y, sus pueblos, hubiésemos sido gracianos; quizá unas personas muy distintas de lo que  somos, hoy por hoy, los venezolanos, porque el nombre no es cosa postiza o artificial, sino que tiene que ver con el ser del objeto y con su destino. También hubo la posibilidad de que nos llamáramos “PARIA”, buen nombre indígena, de una fonética muy clara fácilmente adaptable a las principales lenguas  occidentales. Paria era un territorio ignorado que se abría desde la costa de los esclavos y de la sal para los sedientos codiciosos habitantes de la Cubagua de las perlas.

Paria sale, también, en una carta de Colón a los reyes.  Fue, sin duda alguna, por un tiempo el nombre más mencionado de la costa oriental. Pero, no dura.  Ojeda ni Vespucio, quienes navegan desde ahí hasta Maracaibo, la omiten.

Sinembargo, Tierra Firme y Costa Firme son nombres que van a durar un poco más, casi hasta el siglo XIX. François Depons, quien reside por algún tiempo en Caracas, la nombra de esa otra manera en su obra: “Viaje a la parte oriental de Tierra Firme en la América meridional”. (ediciones BCV,1960).

Varios nombres hubo a lo Largo de la historia, tales como: Nueva Andalucía y provincia de Caracas. Pero, el nombre que se extiende no es otro que el de la VENEZUELA actual, que sale de aquel grupo de chozas (palafitos) de la ribera del lago y cubre ciudades, regiones, provincias, hasta abarcar y hacer toda la unidad de un país. Venezuela  va a llamarse todo el conjunto de regiones políticoadministrativas que conforman, hoy por hoy, a esta República, que sobrevive, aún, ante la indiferencia de sus gobiernos.



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