Videojuegos | Podcast | PAN #41 Final boss: explotación en torno al videojuego – El Salto


Año 2076

Mirzam se quita uno a uno, despacio, todos los pendientes de plata que pueblan su cara. No puede haber nada en su cuerpo que provoque sensaciones que alteren la experiencia del biojuego. Los deposita, como de costumbre, en la bandeja que hay sobre la única mesa que decora la sala de espera. Se desnuda y se pone el mono de trabajo blanco que encuentra doblado donde siempre. No huele a nada. Después se relaja y trata de apartar el nerviosismo durante los cinco minutos que dura el escaneo.

Piensa en toda esa gente que se encuentra al otro lado, trabajando frenéticamente para recibir, transformar y almacenar todos sus datos biométricos. Primero los escáneres de la sala coordinan su información con los chips que lleva implantados, propiedad de la empresa. Después, si todo está bien, los datos se almacenan para ser enviados a las cápsulas de recepción donde se encuentran los clientes. La gente que va a experimentar de forma simultánea todo lo que elle sienta. Muchos habrán estado dentro de su cuerpo -así le gusta llamarlo- varias veces, pero no sabrán jamás quién es. La época de los dioses dorados del gaming ya pasó. La empresa sabe que el anonimato facilita todo y abarata los costes.

Dicen que las sesiones en directo son especiales. Que las máquinas captan matices de la experiencia que luego no se quedan en las grabaciones que también se comercializan. A Mirzam le recuerda a una cosa que vió en una serie antigua, The Deuce, que habla sobre los orígenes de la industria del porno. Durante las primeras grabaciones de cintas pornográficas había público que acudía a ver las escenas como si fuese el teatro, pagando su entrada en los locales clandestinos.

Los escáneres detectan que aún tiene dolores musculares de la última grabación, una pelea. Para aliviarlas y que nada entorpezca la experiencia le dan una pastilla que atenúa los dolores durante unas horas. Mirzam ha experimentado peleas, caídas al vacío, encuentros y prácticas sexuales de toda índole, también ha ingerido todo tipo de drogas.

Se abre la puerta y entra en la sala de biojuego. Se tumba en el sillón de cuero con orejeras que han preparado. Junto a él hay una aguja con una dosis de heroína y una goma. Dos operarios remangan su brazo y lo preparan para el chute. A pesar de que nunca lo había probado, no siente nervios. Está acostumbrade a esa sensación de incertidumbre ante lo desconocido. Todo está controlado. Lo único que le preocupa y le da rabia es que han arruinado, una vez más, sus vacaciones. Pensaba desconectar durante unas semanas, pero ha surgido un nuevo encargo y tiene que hacerlo si no quiere que le despidan.

Año 2020

“El sindicato de mis huevos”. Con esta frase se ponía a la defensiva en la red social Tuiter el CEO de G2 Esports, la compañía para que trabaja Ibai Llanos, un popular streamer, comentarista de videojuegos, con cientos de miles de seguidores en sus retransmisiones diarias. ¿El ataque? La  periodista y editora Layla Martínez, a raíz de una entrevista en El Mundo a Ibai, señalaba como estremecedoras condiciones laborales del joven locutor, haciendo énfasis en la disponibilidad total que se le exigía para el trabajo.

No tardaron en llegar legiones de fans de Ibai para defender dichas condiciones y pedirlas para sí. Días después, Ibai anunciaba que iba a tomarse un descanso de lasretransmisiones para poder volver a su trabajo con energías renovadas.

La industria del videojuego, que año tras año se acerca a la  cinematográfica para posicionarse como la primera industria cultural, factura 135.000 millones al año, 813 millones solo en el reino de España. Más de la mitad de las personas de la Unión Europea juegan a videojuegos. Cifra que se dispara entre los jóvenes.

Sin embargo, tal y como denuncian desde el sindicato CNT, está plagado de falsos autónomos, trabajadores sin contrato y una tasa de explotación muy alta debido a las presiones en los tiempos. Esto también se produce en el ámbito de la prensa de los videojuegos, que se sustenta en gran parte sobre el trabajo gratuito de miles de personas. Se trata de un ambiente muy masculinizado donde las mujeres y personas del colectivo LGTBIQ+ están expuestas a todo tipo de acosos y agresiones.

Ni Ibai Llanos ni nadie se encuentra en posición de cambiar las dinámicas de esta gigantesca industria. Pero en la frase de “sindicato de mis huevos” quedó cristalizado el miedo a que toda la masa de trabajadoras precarias que la sostiene desde sus cimientos tenga la mínima posibilidad de dictarles las normas a los CEO de dichas empresas. 

Cuadragésimo primer capítulo de Post Apocalipsis Nau.

Última entrega de la temporada. Abrimos con el Feeds N Chips con unos consejos para conservarnos en verano ahora que sabemos que somos tartas. No olvidéis hidrataos el bizcocho.

Javi nos trae un juego para adividar a quién corresponden los perfiles de personalidad extraídos por una aplicación de Google de Chiquito de la Calzada, Lidia Falcón o el Papa Francisco.

Entrevistamos a Manu Tomillo, representante de la sección de medios y prensa de la CNT acerca de la precariedad en el sector de prensa de los videojuegos. Charlamos acerca de la polémica en torno a Ibai Llanos.

Por último, en los Ángeles 2019, Alien elabora una narración de lo que podría ser un día en la vida de un conductor de ambulancias en una smart city hecha a partir de hardware libre que ya existe.

 



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *