La semana política | Cayetana, lo facha y lo progre – El Salto


Llegado el minuto 11:25 del vídeo, más de uno y más de una debió de torcer el morro. Hasta entonces, se trataba sin más de una recogida de adhesiones. Que fuera más cutre de lo esperado en el nivel técnico se compensaba con el elenco de personalidades manifestando su inquebrantable compromiso con la monarquía. Pero llegado ese minuto, la iniciativa Libres e Iguales, de Cayetana Álvarez de Toledo, decidió publicar una lista de los quebrantables. Con un mensaje inusualmente franco, se señaló a quienes habían declinado participar con un “viva al rey” en el vídeo. El señalamiento era anónimo, pero tenía un eco a las insinuaciones que Jaime Peñafiel hace sobre la Jet Set y sus alrededores en La Otra Crónica. Mensajes con destinatarios que van dirigidos sin ningún género de dudas a personas concretas. Más de uno debió cagarse en todo. Ha sido la última muestra del “modo de hacer Cayetana” en el que se mezclan la audacia de señalar a quien ella considera equidistante como la torpeza de agotar sus opciones políticas generando el resentimiento de unos cuantos posibles aliados. 

Tras el ensueño de un “rey sin corte” con el que Juan Carlos I inició su reinado, se ha pasado a un “partido del rey” cuyo liderazgo se disputan Pablo Casado y Santiago Abascal

Cayetana Álvarez de Toledo no finge. Se ha celebrado que eso la convierte en la política más inteligente, y no hay por qué dudar de la inteligencia de nadie, pero no es esa exactamente la virtud que mejor demuestra Álvarez de Toledo. Más bien es la claridad con la que establece la diferencia entre el segmento social al que pretende liderar y el resto de la población, incluidos, y esa es la novedad, distintos grupos identificados con la derecha. Más allá de una pretensión unitaria, Álvarez de Toledo trata de imponer un máximo común divisor entre la élite y el resto, dejando de lado la flexibilidad de gimnasta que hoy es consustancial a la política de los grandes partidos. Aunque confluyen, los intereses de la exportavoz del PP no son exactamente los intereses que representa el partido, por eso lo de “ex” portavoz. El PP se parece o se quiere parecer mucho más a la campechanía de Teodoro García Egea, su principal adversario en el partido.

Encantadas de conocerse, las figuras del vídeo “cayetano” no han salido a la calle en las protestas de la calle Núñez de Balboa, seguramente un punto vulgar para la portavoz de Libres e Iguales. Sin embargo, se entiende esta protesta como una extensión “popular” del discurso preocupado y herido que ha canalizado en la defensa del rey todas las inquietudes hacia un mundo que no entienden o que se han propuesto conservar caiga quien caiga. Tras el ensueño de un “rey sin corte” con el que Juan Carlos I inició su reinado, se ha pasado a un “partido del rey” cuyo liderazgo se disputan Pablo Casado y Santiago Abascal y que no es sino una corte (no tan) moderna para un rey progresivamente aislado.

Fidalgo Cayetana

José María Fidalgo, exsecretario general de CCOO, junto a Cayetana Álvarez de Toledo durante un acto de la campaña electoral del 28A.

Lo facha y lo progre

Por esa distinción que realiza entre las élites y el resto, a Cayetana Álvarez de Toledo tampoco le cuadra la ecuación en la que se resume todo. La batalla cultural de “lo facha contra lo progre” tiene la virtud de sintetizar un puñado de ideas y envolverlas en un empaquetado simple, pero esconde la distinta composición de cada uno de los grupos que participan en esa batalla, mucho más plurales de lo que aparentan. 

En el caso de la derecha es evidente que el sector cortesano que aparece en el vídeo de Libres e Iguales es sustancialmente diferente del electorado de derechas de la propiedad agrícola de Almería, Albacete o Huelva, de la minoría nacionalista española de Catalunya o Euskal Herria, de los votantes de Vox dentro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, o del nazi que gritó “puta demócrata de mierda” en las protestas del barrio de Salamanca. Lo es en cuanto a sus intereses y sus costumbres, lo es cultural y socialmente. Los cohesiona la bandera y el nacionalismo español, sí, pero la diferencia entre pertenecer a la élite y quedarse extramuros es demasiado aguda para que pase desapercibida. No es lo mismo ser parte de la corte del rey Felipe que aspirar a integrarla.

“Lo facha”, sin embargo, ha permeado como una subcultura dentro del poder que se distingue por la oposición frontal hacia su némesis: “lo progre”. Aunque surge en un periodo anterior, con un armazón de ideas neoconservadoras que ha sido suficientemente analizado, la particular corte de Donald Trump ha puesto al máximo de revoluciones por minuto la máquina que crea y recrea el antagonismo político hacia un “otro” que condensa todo lo malo. El “estado de ánimo Venezuela” al que remite constantemente el partido de “lo facha” en España es el ejemplo más evidente de esa recreación permanente del antagonismo.

Es inútil discutir sobre cada nueva atracción en ese show, lo que hace que la mayoría de diputados y diputadas, simplemente, decidan adoptar un personaje para esa teatralización constante en torno a lo que es “verdad” y es mentira. Cuenta la leyenda que Johnny Weissmüller, protagonista de doce películas de Tarzán, terminó sus días como un Tarzán rampante en los árboles alrededor de su casa de Acapulco. Como el legendario rey de la selva, parece que muchos de quienes hoy participan de la crispación han alcanzado el delirio de creerse su papel.

El penúltimo episodio ha sido acusar de terrorismo de baja intensidad a la portavoz de Más Madrid en la Asamblea de Madrid, Mónica García, por un gesto con el dedo índice. El antepenúltimo, la provocación del Ayuntamiento de José Luis Martínez-Almeida de retirar, a golpe de piqueta, la placa de homenaje a Francisco Largo-Caballero. 

Aunque resulta mucho más estridente el ruido de “lo facha”, en esa batalla, “lo progre” también tiene puestas sus acciones. Es difícil olvidar la campaña electoral de Pedro Sánchez en 2019 basada, como único punto del guion, en el miedo a la ultraderecha. Es lamentable constatar que, como ha denunciado esta semana Comisiones Obreras en un comunicado, los informativos de RTVE tienen la consigna de seguir a Vox incluso cuando la cobertura carezca de valor informativo. Sucedió el lunes con una declaración inane de Rocío Monasterio. Al mismo tiempo, la empresa pública decidía omitir una protesta de personal sanitario por sus condiciones de trabajo y la encuesta sobre la monarquía publicada por la Plataforma de Medios Independientes.

La política de lo facha contra lo progre, antes que nada, tiene la capacidad de bloquear cualquier otra funcionalidad política que no sea la del espectáculo. Cuenta para ello con el inestimable apoyo de varios programas de televisión que han adaptado la fórmula Tómbola a la discusión política.

Y sin embargo, algo se mueve. El último barómetro del CIS, publicado esta semana, muestra que la opinión pública tiene ideas claras sobre qué infraestructuras son necesarias para el ciclo post-covid. Sanidad, energías renovables, tratamiento de residuos y vivienda son las prioridades de inversión para el conjunto de la ciudadanía. El barómetro, no obstante, omite o no contempla preguntas acerca de cómo se deben llevar a cabo esas inversiones, si a través de organismos públicos o si mediante la cooperación público-privada, la pista de aterrizaje en la crisis elegida por el capitalismo marca España.

La sospecha de que hay una serie de intereses comunes entre quienes juegan a la batalla entre lo facha y lo progre justifica las ausencias en la lista de Cayetana Álvarez de Toledo. Por más que la diputada se quedara perpleja, como dijo Michael Jordan “los republicanos también compran zapatillas” o, lo que es lo mismo, “los progres también licitan”. Los negocios como siempre son anteriores al espectáculo y no hay señales de que ese equilibrio se vaya a romper. Que continúe pues la batalla cultural.



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