Sáhara Occidental | Turbante verde – El Salto


El pasado 4 de noviembre llegaba al mundo un refugiado, el hijo de un amigo, en los campamentos saharauis (Argelia). Al conocer la noticia le hice llegar, desde la distancia, unas palabras de bienvenida que decían:
“Llegas, sin ser consciente de que andábamos esperándote. Te recibimos con la ilusión del que llega para recordarnos que estamos hechos de sueños. Quisiera contarte que aquí no existen mapas, pero crecerás rodeado de personas que conocen todos los caminos. Ya hay proverbios esperándote que guiarán tus días desde la sabiduría que desprenden las jaimas que hoy te abrigan. Llegas, y el mundo ya te pertenece. Y tú, sin saberlo, ya eres lucha”.

Como si de un presagio se tratase, nueve días más tarde de su nacimiento se da por iniciada la guerra en el Sáhara Occidental.

Décadas de paciencia, promesas en vano, vidas aplazadas, de apuesta firme por la paz, de silencio… cuarenta y cinco primaveras robadas desde 1975 en las que un pueblo ha resistido estoicamente años de guerra, exilio, ocupación, refugio, ayuda humanitaria, resoluciones de las Naciones Unidas y propuestas de arreglo que nunca llegaron. Decía el poeta alemán Hölderlin que “donde habita el peligro crece también lo que puede salvarnos”. Estos versos parecen escritos en estos días y para estos jóvenes de turbantes verdes, conocedores de que una guerra implica riesgos, sacrificios y despedidas no deseadas pero convencidos de que es la única salida que les han dejado escoger para recuperar su dignidad. Esta generación de jóvenes ha crecido sin pisar su tierra pero la saben suya y hoy son los depositarios del sueño colectivo de todo un pueblo. “Nadie quiere una guerra, nadie desearía ver morir a sus seres queridos. Pero llevamos décadas esperando una solución pacífica. Hemos sido el pueblo de la paciencia eterna” (Ahmed, 18 años).

Algunos medios se han hecho eco del desencadenante de este hecho: la brecha ilegal del Guerguerat. Este acontecimiento es el resultado de un régimen que se ha creído intocable y de la connivencia de los sucesivos gobiernos españoles que han guardado bajo llave su responsabilidad histórica y jurídica porque, a la luz del Derecho Internacional, España continúa siendo la potencia administradora del territorio. Por otro lado, las propuestas de arreglo de las Naciones Unidas han ido fracasando una a una, y tristemente la MINURSO es la única de sus misiones que carece de competencias en materia de derechos humanos. Todo esto ha colmado una paciencia que desde los altos despachos habían creído infinita, y el pueblo saharaui ha decidido cambiar el rumbo de su destino al amparo de su incuestionable derecho a la legítima defensa.

Este relato no va de eso. Son muchos los artículos, notas de prensa y crónicas que se dedican analíticamente a hacer una revisión de los hechos hasta llegar a estos días. Pero, ¿qué sueño se esconde detrás de esos jóvenes de turbante verde?

Cuando hablamos de las filas del Frente Polisario, debemos tener presente que no hablamos de un ejército al uso. Estos jóvenes forman parte de un Ejército de Liberación Nacional, guerrilleros cuyo ADN es la defensa de una justa causa. Cada uno de ellos se alista como voluntario y su nómina es a fondo perdido y muy difícil, por no decir imposible, de igualar: la libertad de todo un pueblo. Al otro lado del campo de batalla nos encontramos al Ejército Real de Marruecos, constituido por gendarmes enviados al muro más largo del mundo (2.720 km de largo) para defender un trozo de tierra que ni siquiera conocen. “Por cada 10.000 soldados que Marruecos pueda armar, sabemos que cada uno de ellos carece de algo que nos mueve a cada uno de nosotros: liberar nuestra tierra” (Kori, 23 años).

Nos encontramos con tres escenarios desde donde la juventud saharaui comienza a organizarse: Territorios Ocupados, campamentos de refugiados y diáspora

Pero no hay un único frente de batalla, esta lucha es transversal y se empieza a librar con las particularidades de un pueblo al que han tratado de dividir durante décadas. Nos encontramos con tres escenarios desde donde la juventud saharaui comienza a organizarse: Territorios Ocupados, campamentos de refugiados y diáspora.

Brahim (21 años) nació en el Aaiún ocupado; creció en su tierra, pero se le negó su derecho a hablar su lengua y levantar su bandera. Los territorios ocupados por Marruecos son la mayor cárcel del mundo a cielo abierto y estas noches se registran intifadas sin precedentes en contra del invasor. “Podrán sitiar nuestras casas, acorralarnos entre los laberintos de estas calles estrechas, torturarnos y desaparecernos pero lo sabemos, llevan demasiado tiempo haciéndolo. La guerra también ha comenzado en este lado y no vamos a parar hasta que amanezca un Aaiún liberado”.

Salka (22 años) nació en los campamentos de refugiados saharauis, creció en un desierto inhóspito, en ciudades de tela y barro. Un futuro congelado mientras su supervivencia y la de su familia ha estado sujeta a una ayuda internacional que iba llegando a cuentagotas. “Hemos vuelto a nacer en estos días, hasta aquí todo ha sido un tiempo perdido, en un campo de refugiados te arrebatan hasta el derecho a soñar. Hoy volvemos a respirar, creían que iban a dejarnos otros 30 años contando fracasos”.

Mohamed (26 años) ha pasado más de media vida en la diáspora. Es uno de esos jóvenes que pudo llegar a España y formarse gracias a la solidaridad de familias de acogida. El precio que tuvo que pagar fue crecer alejado de su familia biológica. “Nos ha tocado estar aquí porque nuestro destino ha sido, hasta ahora, fruto del azar. Ahora nos toca seguir haciendo ruido. Estamos organizando movilizaciones a lo largo y ancho de la geografía española. Pero nuestras mochilas ya están preparadas”.


Sáhara Occidental


Los acuerdos tripartitos de Madrid: papel mojado

A 45 años de la firma de los acuerdos entre Marruecos, Mauritania y España, con los que las potencias negaron el derecho de autodeterminación del pueblo Saharaui, Rabat insiste en su papel colonial violando el alto al fuego en la región fronteriza de Guerguerat.

Como si de un solo cuerpo se tratase, un mismo sentir habita en el imaginario de estos jóvenes: nada está dormido para siempre… “Hemos aguantado lo inaguantable, esperando una solución que nunca llegó. Que el mundo sepa que no hemos tomado las armas para jugarnos la vida. Las hemos tomado para recuperarla” (Fatma).

Podríamos decir que la vida aplazada ha dado lugar a pasos firmes para recuperar el futuro de todo un pueblo. Los turbantes verdes ya han emprendido el camino de regreso a casa.



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